"La subversión de la lluvia" de Martín Lasalt
Martín Lasalt nació en 1977 en Montevideo. En 2015 ganó el premio Narradores de Banda Oriental por su novela La entrada al Paraíso y su segunda novela, Pichis publicada en el 2016 fue seleccionada para integrar el catálogo Books from Uruguay realizado por el Ministerio de Educación y Cultura.
Ese mismo año, la Cámara Uruguaya del Libro le entregó el Premio Bartolomé Hidalgo Revelación por Pichis. Publicó además dos cuentos en 13 que cuentan; La subversión de la lluvia es su más reciente trabajo editado por Fin de Siglo.
La subversión de la lluvia es una novela distópica con un ritmo de narración acelerado que se refleja en sus veintisiete capítulos cortos donde el relato se condensa, reforzando la historia en la que parece no faltar nada de lo que nos tiene acostumbrado el cine hollywoodense, desde un antihéroe, divorciado y, desempleado de una compañía multinacional, un plan para hacer volar el acueducto que controla el agua, un grupo de mafiosos internacionales que lo persiguen, una femme fatal, un secuestro e interrogatorio y hasta una escena en el auto memorable (aunque no sea, por suerte, el típico cliché de persecución).
Y es que La subversión de la lluvia es eso y mucho más, porque en la literatura de Lasalt no falta, en ningún momento, el compromiso social del que hablaba Sartre, podemos verlo con claridad en la premiada Pichis donde a través de sus dos personajes principales, el Cholo y la Chola, y en su odisea por conseguir comida, acaba de una vez con el mito de Uruguay: la Suiza de América o el país de las vacas gordas. En Pichis está la realidad cruda y desesperante, la hipocresía e indiferencia; pero también lo onírico, lo fantástico y el humor que salva en los momentos de desesperación.
En La subversión... “la única forma de hacer algo bueno por los demás era pasar por maldito”,como reflexiona Javier Sepúlveda, ser acusado de terrorista y no contar con la ayuda de nadie ya que los ex compañeros de trabajos que prometen ayudarlo son incapaces de comprometerse con otra cosa que no sea el dinero y/o la comodidad, la familia está desintegrada y los valores son desiguales, así apreciamos a un hijo egoísta incapaz de convidar a su padre con un trago de Coca-Cola o a su ex mujer conviviendo con un hombre al que no ama pero que no tiene el valor de echar de la casa.
La historia, narrada por un narrador omnisciente, comienza con un capítulo de-nominado “La playa” donde se habla de Javier Sepúlveda “el hombre previo al mito [que] fue muerto por los perros de la policía después de una lluvia furiosa” (5). Desde un inicio se adelanta el final de quien será el protagonista de la historia, eliminando todo suspenso, misterio o intriga y, es que alguien con las características de Sepúlveda, no puede sobre-vivir en este, ni en ningún mundo: “todas las formas de subversión han sido destruidas por las sociedades humanas, y larga es la lista de herejes deshonrados, eliminados, ven-cidos, olvidados. Arrastrados a la muerte, a la hoguera, a la locura, al escarnio1 porque implican el juicio represivo de un grupo o el escarnio con que se sanciona al solitario o al ‘loco’” (32).
Los capítulos sucesivos simplemente se encargarán de contar cómo llegó Sepúlveda a convertirse en mito y por qué murió en el abandono total en la playa devorado por los perros de la ley.
Más allá de la variedad de lecturas que pueden hacérsele a la novela, particular-mente nos gustaría detenernos en el tema del agua, preocupación del protagonista, pero también del autor que eligió hablar sobre lo que no se habla porque más allá de que la novela nos cuenta de una Compañía internacional de Agua que controla el agua como mercancía elevando los precios de sus productos [“...le alcanzó la botella (de Coca-Cola) destapada a Salvador. Pensó: «es más barata que el agua, y eso no es lógico»” (74)], llevándose “el agua para venderla a mejor precio en el norte” (23), vendiendo productos “recicladores, inodoros químicos, toallas húmedas y decenas de otros artículos relaciona-dos” (23); el mundo que crea Lasalt, no está lejos de nuestro presente. Veamos algunos números:
El agua potable “constituye el 2,5 % del total del agua del mundo; el 97,5% restante lo encontramos en los mares y océanos” (Bruzzone, 17). Si bien existe actualmente la tecnología para desalinizar el agua de mar, ésta es cara y no se deshace completa-mente de la salmuera, además de que los productos químicos utilizados para el funcionamiento de la planta tienen efectos nocivos sobre el planeta. Por su parte, se calcula que el volumen de agua subterránea es “23.400.000 kilómetros cúbicos (un kilómetro cúbico es igual a un billón de litros de agua; en términos gráficos: un uno con doce ceros atrás); frente a los 42.800 kilómetros cúbicos de los ríos. Sin embargo, se desconoce el volumen real y las características de la mayoría de los reservorios” (18).
Como menciona Elsa Bruzzone (2010) en su estudio:
"Quién controle el agua potable, controlará la vida y la economía del mundo. Los países más ricos del planeta tienen sus recursos hídricos, especialmente los subte-rráneos, en vías de agotamiento por la sobreexplotación; y altamente contamina-dos por desarrollos industriales y agrícolas llevados a cabo sin tener en cuenta el cuidado del medio ambiente. Han depredado alegremente sus recursos naturales y ahora los buscan en aquellos países que aún conservan los suyos". (18)
América por su clima y su suelo contiene el 55,6 % de los recursos hídricos re-conocibles del planeta siendo así la región más rica del mundo. “Sólo las cuencas del Paraná-Plata, Orinoco y Amazonas encierran el 30% de los mismos. De ellos, el 42% corresponden a América Latina y el Caribe” (76)
EE.UU., por su parte tiene el 40% de sus ríos y lagos contaminados y desde 1998 implementa el canje de deuda externa por naturaleza que según informó en junio de 2005 funcionaba a las maravillas Así, siete países latinoamericanos y caribeños en 2003 canjearon un parque nacional que abastece el agua potable para la población y el 50% del agua del Canal de Panamá; en 2004 se entregó otro parque con gran diversidad bio-lógica que une América del Norte y Central con América del Sur, y para fines del 2008 se habían sumado dos países más al canje.
En América del Sur donde se encuentra el pulmón verde del planeta, la región con mayor riqueza genética y biodiversidad del mundo no ha estado alejado de los intentos de EE.UU. de apoderarse de la región, los cuales no son nada nuevo. “Ya en las primeras décadas del siglo XIX un mapa sugería la creación del Estado Soberano de la Amazonia [...] incluso han presionado al gobierno brasileño para que aceptara declarar el lugar como «Patrimonio de la Humanidad». Brasil se negó” (101-02).
En cuanto al acuífero guaraní
"es el cuarto gran acuífero del mundo, pero el primero en la categoría de renova-ble. Se extiende por las cuencas de los ríos Paraná, Uruguay y Paraguay. Tiene una superficie aproximada hasta la fecha de 1.194.000 kilómetros cuadrados de los cuales 839.000 corresponden a Brasil, 226.000 a Argentina, 71.000 a Para-guay y 59.000 a Uruguay, que representan, el 10% del territorio de Brasil, el 6% de Argentina, el 18% de Paraguay y el 25% de Uruguay". (119)
Como declara Sepúlveda: “Hay cada vez menos agua dulce. Esto pasa desde mediados del siglo XX, y no porque papá se olvidó de cerrar la canilla, no, mi amor, por eso no es. Es por el modelo de producción, es porque se trata el agua como un bien económico, mi vida, porque se busca la ganancia a corto plazo y no se piensa que tenemos cada día menos acceso, y después no va a quedar nada” (24).
Pero cuando “La Compañía informó en sus campañas de publicidad que casi no quedaba agua y solo se podía racionar y elevar plegarias para que volviera a llover” (23), el común de la gente no duda en obedecer: “–¡Qué sequía! ¡Cuándo caerán dos gotas, Dios mío!” (32).De este modo, nos quitamos nuestra responsabilidad y complicidad de los sucesos pasados y de nuestro provenir, amparándonos en un ser superior como en los tiempos más antiguos.
Ahora bien, por más que el accionar de Sepúlveda comience después de ser des-pedido junto con 499 empleados más, en él la idea se gestará mucho antes; él que fue el encargado de “vender contratos de la Compañía, cerrar conexiones impagas y clausurar empresa” (9) se dará cuenta que
"a cambio de estos servicios recibió un salario humilde pero seguro, el destrato ab-surdo de los jefes que sabían la mitad de lo que sabía él y trabajaban menos pero ganaban el doble, el desprecio impermeable de su exmujer, por lo menos según él lo recordaba, y varios ataques de abonados perjudicados por su labor". (9)
Al hacer su trabajo, no solo contribuyó a la riqueza y empoderamiento de la Compañía sino que también, vendió el agua de su país junto con su conciencia, él es culpable junto con el resto de sus compañeros, aunque solo sea en menor grado, de las consecuencias que sufren todos: la escases de agua y del costo que pagan por ella: “había comprado tres botellitas de agua porque no se conseguían botellas de cuatrocientos... solo de doscientos, y casi al precio de las de cuatrocientos, un disparate” (31).
Solo Sepúlveda tomará la capa de héroe, aunque invisible, manchada e inútil, llegará hasta el final con su objetivo de hacer explotar el acueducto del agua que controla la lluvia, pero antes vivirá una serie de peripecias que lo irán degradando como hombre, mental y físicamente: recibirá amenazas, perderá a su madre, se separará de su familia, será abandonado por sus compañeros, lo usarán y traicionarán, estará varios días herido e inconsciente y solo se recuperará para seguir decayendo mientras es buscado como un terrorista por la policía, “pero también los agentes de la Compañía y de otras multinacionales: la china Dánshui, la francesa Bonaparte y la alemana Wesserreich”(7). Es su desesperación lo venderá todo, incluso un riñón mientras observa y es observado por una rata que bautiza Ernestina en un sótano de mala muerte. Del encierro y la clandestinidad pasará a la luz del día, solo para morir “por los perros de la policía después de una lluvia furiosa que golpeó la capital por quince minutos” (5).
Sepúlveda cumplirá su cometido: volará en pedazos el acueducto y le dará libertad al agua: “Los caños y las canillas reventaron, el agua comenzó a manar de las paredes” (119).Sublevará los elementos naturales aprisionados para que luego los hombres, que han permanecido dormidos, los sigan: “la calle se estaba llenando de gente que iba como un río de hormigas hacia la zona del centro, a las oficinas de la Compañía. Empezaron a escucharse coros que decían que se fuera la Compañía y que el agua era de todos” (123).
La subversión de los hombres vendrá solo después y a consecuencia de la subversión de la lluvia, aunque las consecuencias no seas buenas, porque hace rato se entregó el poder y el gobierno de sus vidas a los verdugos, y la subversión sea, simplemente, “dos semanas enteras a romper y quemar y matar” (127)sin una meta, sin una solución real a los problemas presentes y un plan a futuro. La subversión de los hombres fue una simple copia de un elemento natural que golpeó quince minutos de manera furiosa y desapa-reció, cuando debería haber significado un despertar de sus conciencias e inteligencias dormidas, por eso como nos enseña Lasalt, está condenado al fracaso.


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