El amor en Limpiaparabrisas

Limpiaparabrisas es el corto ganador del Premio Oscar en el 2022. A través de una pluralidad de personajes y escenarios nos invita a pensar en el amor, la comunicación, la tecnología y la soledad en el siglo XXI.

    
(Fuente Keks: iW3Lenew3CWmAwCBg3GULJ7dfGF / themoviedb.org)
(Fuente Keks: iW3Lenew3CWmAwCBg3GULJ7dfGF / themoviedb.org)

    Limpiaparabrisas es un corto documental de Alberto Mielgo estrenado en el 2021 y que ganó el Premio Oscar a Mejor Cortometraje Animado en el 2022. Alberto Mielgo es un director de cine español conocido por haber participado en la película animada Spider-man: un nuevo universo (Spider-man into the Spider-verse) del 2018 y haber dirigido el episodio The Witness de la antología animada de Netflix, Love, Death & Robots en el 2019.
  
    Limpiaparabrisas es un cortometraje de 15 minutos en inglés. La pregunta que guía y desencadena toda una secuencia de viñetas es ¿Qué es el amor? La hace un hombre de mediana edad en un concurrido café donde el murmullo de las mesas contiguas acompañan una pregunta tan vieja como el hombre en la Tierra. En el siglo IV, Platón, en dos de sus diálogos, El Banquete y Fedro, ya hablaba sobre el amor, el ideal del amor, la contemplación erótica y el sexo.
       
    Mielgo no establece diálogos lingüísticos como el antiguo filósofo, se encarga sí de presentar un mosaico de imágenes: una pareja que comparte un cigarrillo en la playa, un indigente borracho que le habla a un maniquí detrás de un escaparate de un local de lujo, dos usuarios de una aplicación de citas que se (des)encuentran en el supermercado mientras juegan al like/no like, un chico que corre con un ramo de flores para llegar a una casa donde toca el timbre y no obtiene respuesta, un oficinista y un limpiaparabrisas que se dan un beso a través de uno de los vidrios que este último se dedica a limpiar, un satélite de comunicación fuera de la Tierra, una conversación por chat truncada por la incomunicación, una estudiante al borde del precipicio en un complejo de edificios con las ventanas como ojos ciegos mirándola.

    Los diálogos visuales de Mielgo nos hablan del amor en la vida moderna, de la
incomunicación, la soledad, la incomprensión, la tecnología y el sexo que parece abundar en las charlas de bar, pero que Mielgo decide representar en una sola escena explícita.

    Abunda la tecnología que prometía mantenernos más unidos y comunicados: teléfonos que suenan sin ser atendidos, aplicaciones de citas que desencuentran, cabinas telefónicas que se han convertido en un poste de anuncios de sexo, mensajes de chats que no obtienen respuesta, cartas y libros esperando ser leídos.

    “Limpiaparabrisas” está inundado de reflejos: de las pantallas de los celulares, de las vidrieras, de los lentes, de las copas y vasos, de las ventanas de los edificios o de los autos, del piso, de los charcos de agua o del río.
   
    Lisa Block de Behar en su libro Medios, pantallas y otros lugares comunes (2009) hablaba que las pantallas están en todos lados como un reflejo del mundo y, a la vez, no están en ningún espacio porque a la vista de los espectadores desaparecen y se ubican en un no-lugar. Block llegaba a la conclusión de que las pantallas muestran y ocultan, pero sobre todo ocultan aún mostrando.

    Quizás en este último punto pueda referirse también a las palabras finales que retoma el señor de mediana edad que fuma y toma en el bar mientras reflexiona como un filósofo moderno a la pregunta que antes dirigió directamente a la cámara: “¿Qué es el amor?”, “El amor es una sociedad secreta”.
   
    Una sociedad secreta porque se oculta a la vista de todos, se expone a través de fachadas y vidrios que simulan ser reflectantes de la realidad y donde el acceso a esa sociedad no es libre ni gratuito.

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