Magdalena Portillo y la búsqueda a partir de los escombros del pasado

(Fuente: Paola Scagliotti para https://cooltivarte.com/)

Magdalena Portillo ganó el 1º premio en poesía del Concurso Juan Carlos Onetti de la Intendencia de Montevideo. Recientemente, presentó en el Espacio Marosa su libro “Catedrales nocturnas” donde conversó sobre las palabras, los significados, las formas de hacer poesía, las ausencias y su camino como poeta. 

El Espacio Marosa está en el primer piso de la Intendencia de Montevideo en el balcón más amplio. A diferencia del ruido de pasos, risas y conversaciones de una multitud de familias, amigos, niños y visitantes en general que pasean por la carpa y el hall de la Intendencia de Montevideo en la 44a Feria Internacional del Libro (FIL), el Espacio Marosa, pequeño, acogedor, casi en penumbras, está expectante y silencioso. El público de diferentes edades se ubica en las sillas y mira atento a las cinco invitadas sentadas en unos sillones bajos. Detrás de ellas aparecen tres retratos de gran tamaño de Marosa di Giorgio. Uno de ellos, el de la izquierda, es una fotografía de Di Giorgio sacada desde el exterior de una ventana de un bar; el de la derecha representa a Marosa leyendo sus poesías sentada frente una mesa y por último, la fotografía central en blanco y negro muestra un ángulo de Di Giorgio visto desde arriba, sentada en una mesa donde hay depositado un café. Marosa viste una blusa floreada, y desde donde está, parece que desde el fondo de la sala escucha e identifica a una nueva generación de mujeres que siguen sus pasos. 

En esta oportunidad quien se sienta delante del cuadro y es coronada desde el fondo por éste es la poeta Magdalena Portillo. 

Magdalena Portillo es una joven escritora de 31 años, ganadora en el 2021 del 1º premio en poesía del Concurso Juan Carlos Onetti de la Intendencia de Montevideo con su libro “Catedrales nocturnas”, que ahora presenta bajo el proyecto editorial “La Coqueta” en el Espacio Marosa, nombrado en honor a la escritora uruguaya Marosa Di Giorgio. El espacio fue inaugurado en el 2019 y tiene como cometido incluir y revitalizar géneros y sectores independientes antes relegados en la FIL. 

En el evento acompañan a Portillo las editoras María Laura Pintos y Lucía Delbene, la profesora Kildina Veljacic y la poeta Ana Strauss. 

Kildina Veljacic es profesora, investigadora y escritora, y fue quien realizó el epílogo del poemario “Catedrales Nocturnas”: “epílogo que en un principio iba a hacer un prólogo”, bromea. 

Veljacic comienza el conversatorio hablando de las palabras, de sus significados y resignificados. Comenta que cuando se acercó a la obra de Magdalena Portillo lo primero que le llamó la atención fue el nombre de la poeta. Admite que una de las primeras cosas que hizo fue buscar en el diccionario de la Real Academia Española la palabra portillo. Para la presentación trajo la definición anotada y aprovecha para leerla al público presente:  “abertura o entrada picada en un muro. Puerta pequeña abierta a otra mayor. Precioso, tu apellido. Poesía”, finaliza sosteniendo el poemario entre sus manos, la definición en un trozo de papel y mirando a Magdalena Portillo que asiente. 

Portillo continúa este diálogo literario hablando también de su nombre: Magdalena. Nombre bíblico que dice que cuando era niña no le gustaba, pero que luego se amigó con él. Cuenta que cuando llegó al mundo nació sin nombre: “Estuve dos días sin nombre porque mi madre no se esperaba una hija mujer [... y] bueno, ahí fue que mi madre agarró la biblia y eligió Magdalena”. Se ríe al recordar una anécdota que seguro le contaron desde muy pequeña.

La obra de Magdalena Portillo incluye los libros “Umbrales” (2017), “Los paños de mi frente” (2019), “Saturnales imposibles” (2022) y “Catedrales nocturnas” (2022). Cuenta que los títulos de “Umbrales” y “Los paños” los eligió ella, pero con “Catedrales” pasó algo diferente: “fue la primera vez que me pasó que el título vino a mí, que no lo pensé”. Había escrito el poemario y cuando lo armó para presentarlo al Premio Onetti tuvo que decidir darle un nombre. Relata que “estaba todo el tiempo pensando en iglesias en la noche, en cómo mirar en la noche una iglesia. Me parecía una imagen hermosa y me di cuenta de que nunca había prestado atención a esa imagen”. Recuerda también que estaba escuchando mucho a Nick Cave “yo luego decía debe ser culpa de Nick Cave, no sé” dice risueña. 

En la mayoría de los poemas de Portillo: “hay como un diálogo abierto e imposible a un tú que siempre está ahí, que le está dando ese efecto dialógico, pero a la vez es imposible. Muchas veces hay como una ausencia que va resonando”, según visualiza Veljacic.
Magdalena se sincera y dice que no se lo ha cuestionado, pero que debe tener que ver con una búsqueda a partir de los escombros de su pasado “lo que trato de hacer con la poesía, es que surja, que resurja algo de los escombros y, bueno, a veces ese tú puede ser una persona o un recuerdo”.

La ausencia de puntos, de espacios en blanco reemplazados por barras para separar los versos, es otra marca de identidad en la poesía de Portillo. Ella confiesa que "cuando comencé a escribir, recuerdo que no me sentía cómoda en cierta estructura poética, porque también yo sentía que cuando escribía era una cosa, un frenesí […] Cómo yo lo pensaba y lo sentía no había puntos, no había comas”. Cuenta que después descubrió a poetas que hacían lo mismo y tuvo la certeza que lo que le pasaba y sentía era parte de un correcto fluir de las palabras que estaba bien. Por eso se inclinó por ese estilo para hacerlo más real. 

En los versos de Portillo hay también, ausencias, manifestaciones y  visiones. Categorías que, según entiende Veljacic muchos poetas utilizan y los estudiosos han categorizado; pero Portillo declara que aunque se ve influida por aquellos poetas que admira y le gustan, en cuanto a la categoría de visionario o del misticismo de su poesía no sabe dónde está parada: “Hay cosas que todavía desconozco de mi obra, por suerte, entonces no sabría decirte”.

Veljacic cierra su presentación, que luego dará paso al recitado de poesías de Magdalena en conjunto con Ana Strauss, leyendo la última poesía de “Catedrales nocturnas”: “tengo miedo que al abrir la puerta me encuentre con el derrumbe de mis catedrales nocturnas”, y se pregunta por el significado de ese abrir la puerta y el derrumbe que anuncia. Portillo admite que se relaciona con los escombros “de no entender el camino que vengo haciendo en cuanto a lo poético, de que se rompa, que estalle como un espejo”. 

Veljacic consulta si el libro, entonces es un acto de fe en ese sentido. A lo que Portillo responde negando con su cabeza: “No lo veo como un acto de fe […] sinceramente qué objetivo, qué motivo, creó que no hay. No busco cuando escribo que tenga un significado, no hay un significado".


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